Mi historia

Crecí aprendiendo
a sostenerme sola.

Esta es la historia de cómo pasé de saberlo todo sobre mí misma a finalmente vivirlo de verdad.

Anabel Barriel
01

Los primeros años

Una infancia que me enseñó a sobrevivir

Mis padres se separaron cuando era pequeña y mi padre nunca fue la figura que necesitaba. No había seguridad, no había presencia, no había un lugar donde sentirme a salvo.

Y eso, sin que nadie me lo dijera, se instaló en mí como una verdad: los hombres no son seguros. No puedes confiar en ellos. Al final, siempre fallan.

Durante años atraje a hombres emocionalmente no disponibles, que jugaban conmigo, que nunca terminaban de estar. Y yo sin entender por qué siempre acababa en el mismo sitio.

Mi madre, en cambio, era una mujer increíble. Trabajadora, fuerte, siempre al pie del cañón. La vi darlo todo sin parar. Y sin darme cuenta, absorbí eso también: que descansar era perder el tiempo. Que el éxito requería sacrificio total.

Crecí siendo muy responsable muy pronto. Porque no había espacio para ser solo una niña.

Infancia de Anabel
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El refugio

El movimiento se convirtió en mi hogar

Encontré refugio en la gimnasia rítmica. Disciplina, estructura, movimiento. Me entregué completamente.

El deporte me daba lo que la vida fuera no podía darme: un lugar donde tener el control. Un lugar donde sentirme capaz.

Me convertí en campeona de España dos veces. Desde fuera, todo parecía perfecto.

Anabel en la gimnasia rítmica
03

Los logros

Campeona por fuera. Ansiedad por dentro.

Años de disciplina me llevaron a competiciones nacionales e internacionales. Múltiples campeonatos. Momentos de gran logro.

Pero por dentro vivía con una ansiedad que no sabía cómo parar.

Nadie lo sabía. Desde fuera todo parecía alineado. Por dentro algo no encajaba y no sabía por qué.

Campeonatos de Anabel
"Desde fuera lo tenía todo. Por dentro no sabía quién era sin el deporte."
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El quiebre

Huyendo hacia adelante

Cuando dejé la competición, me encontré sin identidad. Sin estructura. Sin saber quién era fuera de ese deporte.

Y repetí el único patrón que conocía: trabajar sin parar. Me fui a Nueva Zelanda, luego a Australia, luego a Estados Unidos. Trabajos tras trabajos, algunos abusivos, siempre dándolo todo.

Creía que si me movía lo suficiente, si trabajaba lo suficiente, si conseguía el siguiente objetivo, algo dentro de mí se resolvería.

No se resolvió. La ansiedad me seguía a todas partes.

Los viajes de Anabel
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El despertar

Cuando por fin me detuve

El trabajo interno había empezado antes, desde 2019. Podcasts, libros, cursos, prácticas energéticas. Me convertí en una esponja.

Pero fue el COVID, cuando me quedé en casa y todo lo que había estado evitando apareció de golpe, cuando ese proceso se aceleró de verdad.

Empecé a entender mis patrones. A ver de dónde venían mis creencias. A reconectarme conmigo misma desde dentro, no intelectualmente, sino profunda y honestamente.

Algo empezaba a moverse. Aunque todavía había cosas que no terminaban de cambiar.

El despertar interior de Anabel
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La brecha

Sabía todo. Y nada cambiaba.

Entendía todo. Sabía nombrar mis patrones, identificar mis heridas, explicar por qué hacía lo que hacía.

Pero mi vida no reflejaba lo que yo sabía.

Y eso me frustraba profundamente. Porque sentía que algo fallaba en mí. Que por más que entendiera, algo invisible me seguía frenando.

Hasta que entendí que el problema nunca fue la falta de información. Fue que mis creencias, las que había construido desde pequeña, seguían dirigiendo mi vida desde las sombras.

El giro interior de Anabel
07

El giro

Soltar para hacer espacio

Volví a Australia. Otro trabajo que me apagaba, otra vez dándolo todo por un objetivo externo. Hasta que un día lo solté. Sin saber qué iba a pasar. Sin plan B.

Ya había hecho un trabajo interno muy profundo. Y al soltar algo que me hacía infeliz y me ocupaba todo el tiempo, hice espacio para que lo que había trabajado pudiera por fin aparecer.

Al día siguiente conocí a mi pareja, después de diez años soltera. Todo lo que había vivido con los hombres — la desconfianza, la distancia, los que nunca terminaban de estar — se disipó. Entendí que cuando una cuida su energía y su mundo interior, lo que hay fuera no puede evitar reflejarlo.

Y no fue solo en el amor. Llegó más abundancia económica. Más tiempo para mí. Una vida mucho más coherente con quién soy de verdad — no con quién creía que tenía que ser.

Acompañar a personas en su proceso de transformación no es algo nuevo para mí. Empecé en 2021 desde España y Portugal, después pasé por Australia y hoy desde Bali. Más de 500 personas acompañadas en procesos de transformación.

No vengo desde la teoría. Vengo desde haberlo vivido.

Y sé exactamente lo que se necesita para salir.

Anabel hoy

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